Cuando Carmelo Navarro me ofreció la posibilidad de participar en la Baja
España, no lo dudé un instante y acepté la oferta. En esta
ocasión viviremos la prueba no desde la cuneta, si no desde el asiento
del copiloto.
El coche con el que participamos, el Suzuki Grand Vitara XL7 que fue de Ángel
Gismero, llegó a las instalaciones de su nuevo propietario, ARC Racing,
tan solo unos días antes de la prueba, así que, solo hubo tiempo
para una somera revisión y puesta a punto y hacia la feria de muestras
de Zaragoza, donde pasamos las verificaciones administrativas y técnicas.
Este año había una novedad, todos los participantes deberían
instalar Un Gps de seguimiento y el Sentinel, aparato que al tocar el claxon,
emite una señal sonora en el vehículo que te precede con el fin
de facilitar los adelantamientos, lo que en la mayoría de los casos funcionó.
Por cierto que la instalación justo antes de la verificaciones técnicas
supuso un pequeño caos, ya que en estas pruebas todo se rige por un estricto
horario, cada participante tiene asignado una hora y minuto, tanto para las verificaciones
como para acceder al parque cerrado, tomar la salida, etc. Pero no para la instalación
del Sentinel, así, equipos que no verificaban hasta última hora
de la tarde se encontraban instalado dicho aparato por la mañana, bloqueando
al técnico que lo instalaba haciendo que otros participantes que verificaban
a primera hora se vieran muy apurados para acceder a las verificaciones.
Otro
de los problemas que surgieron en estas primeras horas fue la vestimenta. Hasta
ahora no se obligaba a correr con ropa ignifuga, tan solo el casco y la mayoría
de los participantes se presentó en Zaragoza solo con el mono y el casco.
Los comisarios comenzaron a exigir también botas, calcetines y sotocasco
ignífugos, lo que provocó una loca carrera para encontrar dichas
prendas antes de tomar la salida en la prólogo del día siguiente.
Gracias a Lebrauto Sport a primera hora de la mañana disponíamos
de todo ello en el hotel. Sin más contratiempos pasamos las verificaciones
y nos mentalizados para el aperitivo: la Súper Especial.
En las cercanías de Huesca tuvo lugar la Súper especial sobre trazado
donde se alternaban curvas enlazadas con zonas rápidas y una recta de
dos kilómetros, un circuito que resultó del agrado de la mayoría
de los participantes.Este tramo sirve para determinar el orden de salida y resulta
importante el resultado, ya que una posición retrasada obliga a realizar
muchos adelantamientos en las jornadas siguientes, algo complicado por la gran
cantidad de polvo que hay en la pista. Cuando me sitúo bajo la pancarta
de salida, sea cual sea la prueba, un extraño hormigueo recorre mi interior,
que se acentúa en la cuenta atrás, dura poco eso sí, porque
en el momento que comienza el tramo no hay tiempo para distracciones y lo único
que me preocupa es controlar el road book y sus anotaciones, que de la forma
más clara intento transmitir a mi piloto. Poco más de cinco minutos
de carrera y de nuevo rumbo al parque cerrado. La verdad, ha sido divertido
e intenso, pero corto.
La verdadera carrera tendría lugar el sábado, un circuito de 240
kilómetros al que había que dar dos pasadas. A la entrada del tramo
los comisarios revisan que los pilotos lleven la correspondiente ropa ignifuga,
si no, no les permiten tomar la salida. 3,2,1,0. Por delante más de cuatro
horas de carrera, de imprevistos y sobresaltos, y también de emociones
por un recorrido muy similar al del pasado año, incluida esa maldita zona
de unos ocho kilómetros cubierta de un polvo tan fino que nos recuerda
el fes-fes del desierto y que penetra en el habitáculo por cada una de
sus aberturas. Pese a que Carmelo no ha podido rodar con el coche más
que unos pocos kilómetros en un circuito cerrado antes de la prueba, se
adapta bien, y mantenemos un buen ritmo que nos permite ir remontando posiciones.
El Sentinel funciona, dos o tres avisos y los coches se apartan sin que se pierda
mucho tiempo. Al final del tramo recuperamos 16 puestos y nos situamos en la
posición 41. No está nada mal.
Por la tarde de nuevo a la pista, al menos ahora sabemos lo que nos espera.
Visto el resultado del tramo anterior decidimos imprimir un ritmo similar ya
que circulamos
cómodos y con seguridad y además recuperando tiempo a algunos de
los equipos que nos preceden. Pero las carreras son muy largas y deparan muchas
sorpresas. Al poco de tomar la salida el coche se vuelve más nervioso
y difícil de conducir: nos hemos quedado sin tracción delantera.
Eso nos obliga a bajar el ritmo y extremar las precauciones, cualquier descuido
puede llevarnos a la cuneta, y abandonar no entra en nuestros planes. La pista
está ahora muy deslizante: Con unos neumáticos traseros muy degradados,
algunos tramos como la ya tradicional trialera del río Huerva o el tramo
que discurre por una riera seca cubierta de piedras se convierten en un suplicio,
pero no queda más remedio que aguantar e intentar llegar al final bajo
un sol de justicia que mina nuestra resistencia. La presencia de numerosos aficionados
que estoicamente aguantan a pie de pista durante todo el día el calor
y el polvo animando a los participantes, son el mejor revulsivo para nosotros.
Por cierto, gracias por esa botella de estupenda agua helada. Hemos perdido mucho
tiempo pero conseguimos traspasar la pancarta de llegada, ahora tenemos una hora
para reparar la avería, repostar y entrar en el parque cerrado. Los mecánicos
se Arc-Racing, Miramar y Eficar se vuelcan sobre nuestro coche. No es el único
al que realizan las labores de asistencia, pero todo está planificado,
Según van llegando los coches el equipo se distribuye y cuando acaban
un vehículo esos mecánicos ayudan a los de otro coche. Son cuatro
coches en carrera y todo ha de estar previsto. Todo resuelto, rápidamente
entramos al área de Refuelling y repostamos los preceptivos 120 litros
antes de entrar en el parque cerrado. Finalmente hemos perdido mucho tiempo en
esta última pasada y nos situamos en la posición 46. Agotados
pero satisfechos nos vamos al hotel.
La última jornada es corta, tan solo 118 kilómetros, por lo que
decidimos salir a por todas desde la misma salida. No llevamos terratrip pero
en una prueba como la Baja tampoco es excesivamente importante, el recorrido
está perfectamente señalizado y lo único que debo hacer
es agudizar mis sentidos para localizar antes los peligros que reseña
el Road Book. El ritmo que imprime Carmelo por este rapidísimo tramo es
muy alto y en apenas unos kilómetros comenzamos a adelantar a algunos
coches, pero a mitad de tramo nuestras ilusiones se ven parcialmente truncadas,
pinchamos y ahora es a nosotros a quienes toca ser adelantados. Quedan apenas
cuarenta kilómetros y recuperar el tiempo perdido es difícil, lo
intentamos, avanzamos un par de puestos y finalizamos en el puesto 43. Hemos
cumplido el objetivo de terminar una de las Bajas más duras de este campeonato
y no es fácil, a lo largo del camino 30 equipos se han visto obligados
al abandono.
Hasta el año que viene, Zaragoza.
Publicado en la revista El Mundo del 4x4. Número 17. Octubre de 2005
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